Cómo ha llegado a triunfar la mentira del independentismo catalán en Valencia

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Escrito por Josefa Villanueva Espinosa

JOSEFA VILLANUEVA ESPINOSA, Doctora en Filología Hispánica. Nacida y formada en Francia (Universidad de La Sorbonne y Universidad de Paris-Nanterre) y casada con un valenciano. Se doctoró con una tesis titulada "El nacionalismo valenciano: cien años de pancatalanismo 1906-2006" (2017), editora: L´Oronella. Actualmente colabora con la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV), el Colectiu Lluís Fullana y con AFEDIV, Asociación defensora de la identidad valenciana.

10 de marzo de 2025

Cómo ha llegado a triunfar la mentira del independentismo catalán en Valencia

En Valencia se lleva más de cien años oyendo hablar de la catalanidad de la lengua valenciana, cuando en siglos anteriores a nadie se le habría ocurrido hacer semejante afirmación o plantear semejante debate. Lo cierto es que ha sido el nacionalismo catalán el que ha traído esta polémica a principios del siglo XX (1902), de ahí que el asunto de la catalanidad del valenciano sea un asunto puramente político, que se ha disfrazado de forma premeditada en debate científico para despistar a la gente y sobre todo hurtar al pueblo valenciano su derecho a disponer de su propia lengua.

Por eso desenmascarar el conflicto lingüístico creado en Valencia obliga a remontar a su raíz política y a examinar su primera victoria en Valencia, que fue la firma del documento llamado «las Bases de Castellón», el 21 de diciembre de 1932. El año no es nada casual y al contrario de lo que implicaba esa cita, el acontecimiento pasó inadvertido a la población valenciana ya que apenas se publicitó y consistió en la firma de un documento particular en el que participó un grupito muy reducido de valencianos que por supuesto actuaban en connivencia con los nacionalistas catalanes de la Liga Regionalista y de Esquerra Republicana de Cataluña. Contrariamente a lo que pregonan reiteradamente los pancatalanistas, en aquel documento no estaba escrito en ningún lugar que el valenciano fuera catalán o una modalidad del catalán. Esta aparente contradicción se explica por el hecho de que ahí se tomaba de facto, la decisión de escribir el valenciano adoptando las normas catalanas del Instituto de Estudios Catalanes, -recién definidas (noviembre 1932)-, pero sin declararlo, es decir, sin razonarlo como habría tocado hacer, por pura coherencia; lo cual constituía una incongruencia además de una deslealtad.

El contexto histórico lo dice todo: los catalanes acababan de conseguir el primer estatuto de autonomía (09/09/1932) y desde principios del siglo XX existía en Valencia una campaña orquestada desde Barcelona para captar valencianos deseosos de seguir el mismo camino que los catalanistas: apuntarse al nacionalismo, pero no un nacionalismo valenciano, sino el nacionalismo catalán, políticamente muy activo en el Parlamento español. Cataluña estaba copiando un fenómeno que ya se daba en otras partes de Europa y, que consistía en hacer de la lengua y de la cultura pretextos recurrentes para intentar cambiar fronteras, incluso al precio de provocar guerras, como la primera y segunda guerra mundiales. Digamos que el nacionalismo tiende por naturaleza a ser expansionista, de ahí el interés de los catalanistas en ensanchar el territorio catalán hasta abarcar toda la región valenciana así como las Baleares, poniendo incluso las miras en la Cataluña francesa («le Roussillon»).

1450 El XV, El Siglo De Oro De Las Letras Valencianas

El Siglo De Oro De Las Letras Valencianas

Sin embargo, los catalanistas se toparon con una dificultad importante: el deseado territorio valenciano tenía una lengua reconocida desde el siglo XIV, gracias a sus clásicos (Siglo de Oro con Joanot Martorell, Jordí de Sant Jordí, Ausias March, Jaume Roig, Joan Rois de Corella, Sor Isabel de Villena), mientras que los catalanes no tenían una lengua verdadera en su sentido estricto, sino un conjunto dialectal. O dicho de otra manera la lengua catalana no existía como tal, porque no tenía normas escritas y fijas; y tanto es así que los catalanes cultos escribían en provenzal, prueba de que las hablas populares que regían por entonces en esos condados, no revestían para ellos ningún prestigio o interés. Y aquí toca hacer esta reflexión: si el catalán no era propiamente una lengua ¿cómo habría podido alumbrar un idioma como el valenciano que fijaba su propio modelo y sus propias normas? O dicho de forma gráfica, ¿cómo podría una persona ganar la carrera de los 100 metros mariposa, cuando aún se encuentra en la fase inicial de aprender a nadar?. Lo que significa que resulta de un ridículo absoluto el afirmar ahora que el Siglo de Oro valenciano se desarrolló en lengua catalana, cuando los propios catalanes de la época ni lo vivieron ni lo manifestaron así. No encontrarán ningún documento histórico donde los catalanes del siglo XV reivindiquen la autoría de la literatura valenciana de ese siglo. ¿Entonces por qué habrían de reclamarla en el siglo XX? Haciendo comparaciones sería como afirmar que el Siglo de Oro de la lengua española se desarrolló en América a medio conquistar y no en España, donde paradójicamente no se habría tenido conciencia de tener un Siglo de Oro. Como vemos la tesis pancatalanista no se sostiene de ninguna manera. La aparición de un Siglo de Oro va ineluctablemente ligado a un contexto social particular, como lo fue el de la Valencia del siglo XV, próspera y en plena expansión material e intelectual, con un sistema institucional nuevo y sobre todo con la conciencia de ser un reino independiente dentro de la Corona de Aragón. Valencia sólo estaba vinculada a los condados catalanes por la persona del rey. Lo mismo ocurrió en la España de los siglos XVI y XVII; vivía una gran transformación que le llevó a inaugurar una nueva era para el mundo, la Edad Moderna, donde los pensadores españoles estuvieron en el centro de los grandes debates filosóficos (autores varios como Cervantes…), jurídicos (la escuela de Salamanca y la invención del Derecho Internacional…) y religiosos (ejemplo: Ignacio de Loyola y la creación de la Compañía de Jesús…). Y otra cosa más: ¿cómo iban a tener conciencia los condados catalanes de tener una lengua única y propia, cuando ni siquiera existía esa conciencia de unidad territorial? Cuando Jaime I conquistó Valencia (1238) aún no se había firmado el Tratado de Corbeil (1258) que traía la paz entre Francia y la Corona de Aragón. Jaime I cedía los territorios al Norte de los Pirineos (excepto el Señorío de Montpellier) a cambio de conseguir la titularidad de los condados catalanes del sur de los Pirineos. Sobre el papel, en virtud de derechos históricos, esos condados catalanes pertenecían aún al rey de Francia (marca hispánica que remontaba a la reconquista hecha por los francos), por lo que Cataluña no era en absoluto la Cataluña que vemos hoy -un territorio cohesionado-, sino un conjunto de condados en la práctica independientes unos de otros, y con rivalidades internas muy poco propicias para momentos de esplendor, y menos culturales. Por el contrario el Reino de Valencia ya tenía conciencia de unidad territorial y cultural por ser un reino moro desde por lo menos 1011.

Ahora bien, llegado el siglo XX es cierto que la lengua valenciana vivía una cierta anarquía ortográfica, porque a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX la lengua había seguido su evolución natural -cosa normal-, pero sin tener su correspondiente transcripción asegurada. Es decir que el problema del Siglo de Oro valenciano fue que no llegó a crear un diccionario valenciano en su sentido académico, como sí paso con el Siglo de Oro Español (el de Antonio de Nebrija: latín/español 1492; el de Sebastián de Covarrubias 1611). En el caso valenciano esos diccionarios llegaron más tarde, allá por el siglo XVIII (Carlos Ros, José Escrig Martínez o Josep Nebot Pérez), lo que produjo un desfase importante entre la lengua escrita y la lengua hablada. Los pancatalanistas aprovechan esta circunstancia para acusar y vilipendiar la nobleza y la élite valencianas que prefirieron hablar y cultivar el castellano durante esos siglos. Cierto que la nobleza en general perdió interés por la lengua propia, porque le interesaba más hablar la lengua del rey, cuando la promoción social evidentemente siempre empujaba hacia la Corte. Esto ocurrió así en todos los países y además la naturaleza humana es la que es; las élites siempre quieren codearse con las élites, toman sus códigos de los más pudientes y nunca del pueblo llano. Pero no podemos aceptar que por eso se quiera hacer creer ahora que el valenciano fue una lengua abandonada, porque eso es radicalmente falso. No solamente estaba el pueblo que seguía hablándola, sino además una burguesía que también la escribía. Pero los pancatalanistas han preferido hablar de abandono para convencer a la sociedad valenciana de que ellos son los verdaderos defensores de la lengua y de la cultura valencianas. Es decir que ellos son los que han recogido las verdaderas esencias de la valencianía, un artimaña que les sirve para lanzar de paso un mensaje subliminal y destructor que no es otro que todo aquel que contemporiza con la cultura castellana -como hizo la nobleza- es un traidor al pueblo valenciano. Pero los que traicionan realmente las esencias valencianas son ellos, por adulterarlas catalanizándolas. Y si la nobleza descuidó la lengua valenciana, seguía existiendo una burguesía que sí se cuidaba de escribir y apreciar su lengua propia.

Fray Josep Rodríguez Biblioteca Valentina

Fray Josep Rodríguez Biblioteca Valentina

Gracias al trabajo entregado de Mn Josep Alminyana Vallés, sabemos que Fray Josep Rodríguez (1630-1703), dedicó 20 años de su vida a recopilar los nombres de autores valencianos injustamente olvidados, quienes a lo largo de esos siglos escribían o reivindicaban su lengua. Esos nombres están recogidos en su obra Biblioteca Valentina. Pero hay más, porque frente a esta lista de autores cultos, hay que sumar todo un elenco de autores que escribían directamente para el pueblo; un pueblo que por aquel entonces era mayormente analfabeto. Se dirigían a él a través de hojas sueltas, periódicos republicanos (El Mole, la Traca…) y también libros de fallas y sainetes (Josep Bernat i Baldoví). Ellos preferían recurrir a la ortografía castellana -más fácil de entender- para transcribir esa lengua valenciana muy viva. Aquí la réplica de los pancatalanistas ha sido afirmar que esos autores populares eran incultos. Una mentira supina porque había personas de muy gran prestigio entre ellos, que precisamente por su ideología republicana consideraban que había que facilitar el acceso a la información y la cultura al pueblo, pero juzgaban que la grafía del valenciano antiguo era un obstáculo. En resumen que los pancatalanistas han explotado como nadie la ignorancia de ese pueblo, al que dicen quieren salvar y devolver su cultura.

Por su parte los nacionalistas catalanes comprendieron muy pronto que para unificar los territorios era necesario unificar la cultura y también la lengua. Convertir la lengua valenciana en lengua catalana requería un proceso progresivo de acercamiento ortográfico, gramatical e incluso lexical (porque existen palabras muy distintas para expresar lo mismo. Por ejemplo: en catalán: «sortida». En valenciano: «eixida»). Para realizar esa metamorfosis echaron primeramente mano de una denominación antigua, que remitía a la raíz común de ambas lenguas: la designación de «lengua lemosina» que aparece en algunos textos antiguos -y no tan antiguos (escritos por autores catalanes del siglo XIX: Joaquim Rubió i Ors; Manuel Milà i Fontanals; Francisco Piferrer Montells…)-, para referirse a todas las hablas desde Cataluña a Valencia, incluyendo las Baleares, les sirvió a los catalanistas para decir que aquello era un «error» de los antiguos autores y que ahí donde estaba escrito «lengua lemosina» o «llemosí», había que comprender que se trataba de la lengua catalana. Con tal fin se celebró en Barcelona en 1906 el Primer Congreso Internacional de la Lengua Catalana que sirvió para presentar a especialistas de otros países allí invitados, lo que los catalanistas querían que se considerase como dominio territorial de la «lengua» catalana; para ello se prohibió emplear las palabras «valenciano» y «mallorquín» para referirse a las lenguas respectivas. Se hablaba de «lengua común». Al año siguiente, 1907, se apresuraron en crear el Instituto de Estudios Catalanes (IEC), donde Pompeu Fabra se encargó casi en solitario de definir una ortografía, lo más alejada posible del castellano (diccionario ortográfico en 1913) también una gramática (diccionario gramatical en 1918) y un léxico (diccionario lexical en 1932). Lo que significa que el catalán es una lengua de laboratorio, creada ex professo para estructurar el proyecto político; al contrario del valenciano que fue creado por una élite literaria, testigo del florecimiento de la cultura valenciana. Hay que saber que Pompeu Fabra ni siquiera era especialista en lingüística, sino que era ingeniero industrial de profesión, metido a lingüista, pero sobre todo muy metido en política.

Luis Fullana RAE

Luis Fullana RAE

No cabe duda de que se ha sobrevalorado a este señor que no llegó a ser representante de la lengua catalana en 1926 (en virtud del Real Decreto de 26 de noviembre 1926 con el que se nombró a varios representantes de las lenguas regionales), ante la Real Academia Española de la Lengua, cuando al padre Fullana, sí se le concedió la distinción de representante de la lengua valenciana. Y aunque en Cataluña se le haya puesto su nombre a una universidad (Universidad Pompeu Fabra) jamás tuvo el reconocimiento público de ningún experto extranjero, en tanto que lingüista. Los independentistas, siempre borran del pasado todo aquello que les molesta, pero quedan testimonios de la importante oposición que suscitó la labor de Pompeu Fabra en Barcelona, entre hombres de letras contemporáneos de gran prestigio social que consideraban un auténtico disparate sus nuevas normas ortográficas. Hablamos de Apeles Mestres y Oños; Narcís Oller y Moragas; Ángel Guimerá y Jorge; Francesc Matheu y Fornells entre otros, quienes llegaron