Sociólogos Valencianos al servicio del Pancatalanismo
No es ninguna casualidad si en el seno de la sociedad valenciana, sigue habiendo una mayoría de personas extrañadas o directamente escandalizadas con la tesis de la catalanidad de la lengua valenciana. Tengamos presente que esa tesis se difundió a partir de principios del siglo XX; primeramente desde Cataluña por los catalanistas, luego desde la Universidad de Valencia en el corriente de los años sesenta, es decir durante la dictadura franquista. Digamos que es un fenómeno reciente con relación a lo que la Historia y la tradición popular, o simplemente la memoria colectiva han acreditado siempre. Conviene subrayar que las similitudes entre el catalán y el valenciano nunca fueron consideradas un hecho novedoso o preocupante y, por ello, nunca antes habían supuesto conflicto alguno. Precisamente ahí estaba la antigua clasificación de «lengua lemosina» (en valenciano: llemosí) que daba fe de esa conciencia del origen común de las dos lenguas. Por eso no es ninguna casualidad que esa vieja designación de «llemosí» haya desaparecido en el momento mismo en que se empezó a hablar de la catalanidad de la lengua valenciana. Eso ocurrió en 1906, a raíz del Primer Congreso Internacional de la Lengua Catalana, cuando la «lengua» catalana que -todavía no era lengua (no hasta 1932, cuando culminó su normativización), sino un conjunto dialectal (porque no se hablaba y sobre todo no se escribía igual dentro de todo el territorio catalán)-, se impuso como denominación. Es decir que en aquel congreso en el que estuvieron presentes el valenciano,

Luis Fullana Mira
padre Fullana (Luis Fullana Mira: 1871-1948) y el balear Antoni Maria Alcover Sureda (1862-1932)[1] -ambos sacerdotes además de lingüistas-, se prohibió[2] de forma muy intencionada hablar de lengua valenciana o lengua balear; en su lugar se había decidido recurrir a la expresión de «lengua común». Fue así como desde aquella tribuna dirigida a los romanistas de otros países se trasladaba la impresión de que había consenso en que valenciano y balear eran modalidades del catalán, incluso que el catalán era el nombre de la familia lingüística de todas esas «variantes» presentes desde los Pirineos hasta las tierras alicantinas, incluyendo las Islas Baleares (mallorquín, menorquín, ibicenco). Por eso cuando los pancatalanistas defienden la unidad de la lengua, se refieren a una pretendida unidad global «catalana», disfrazando y desvirtuando esa unidad global primigenia y verdadera que podría llamarse: la unidad «lemosina»; aunque en puridad esta nomenclatura no sea correcta (porque supondría incluir las otras variantes francesas como el provenzal, pertenecientes todas ellas a la familia occitano-románica), porque en realidad se trata de una ramificación propia del tronco ibero (familia iberromance), es decir cuyo desarrollo se ha producido exclusivamente dentro de la Península Ibérica. Digamos que las aportaciones o influencias recibidas del llemosí francés y del provenzal (por los trovadores) no cambian en nada esa realidad de base (ver el discurso del padre Fullana en su ingreso en la Real Academia Española el 11/11/1928)[3]. Entonces, ahí está la gran pregunta: ¿por qué desde los estamentos académicos españoles -incluyendo la Real Academia Española de la Lengua (ver su versión a partir de 1970, no antes)[4]-, se defiende ahora la catalanidad del valenciano cuando existen testimonios autorizados basados en documentos históricos y contrastados[5], que contradicen tajantemente esa denominación?
En realidad se ha planteado una situación totalmente anómala, porque siendo ésta una cuestión que pertenece al ámbito lingüístico y filológico, lo lógico sería que ese debate no rebasara los ambientes académicos y, sin embargo -no por casualidad-, ha acabado en boca de políticos, manejándose insistentemente en clave «nacional» catalana, desde exactamente el momento en que volvió la democracia a España. Ahora bien, sabemos que si la lingüística se rige por normas, reglas fonéticas y datos contrastables, la política en cambio admite proposiciones imaginativas o novedosas so pretexto de resolver problemas en la gobernanza de la ciudadanía. De ahí que la estrategia de los catalanistas haya sido a principios del siglo XX, la de hacer pasar por Historia y Ciencia lo que en realidad fue una idea totalmente nueva y además disruptiva: «la nacionalidad catalana», formulada a través del libro de Enric Prat de la Riba[6] (1906).

Enric Prat de la Riba
Por cierto ¡libro escrito en catalán no normativizado!, puesto que por entonces en Cataluña aún regía la anarquía ortográfica. Pero la meta era extremadamente ambiciosa: se trataba de presentar el catalán como una lengua milenaria, nada más ni nada menos que comparable al castellano[7] y, por ello, testimonio de una nación con un pasado igualmente glorioso y, con una idiosincrasia distinta al resto de España. Prueba de todo ello, sería que antiguos territorios supuestamente colonizados por los catalanes habrían seguido hablando el catalán. Aquí el sobrentendido apuntaba directamente hacia el antiguo Reino de Valencia y el antiguo Reino de Mallorca, o Islas Baleares. Así que para poner ese plan expansionista en marcha, primero se tenía que definir la normativización del catalán (fijar una ortografía, una gramática y un léxico, que tuvieran carácter oficial); una labor que difícilmente podía poner de acuerdo a toda la élite catalana, por la gran complejidad que aquello entrañaba (diversidad reinante en el léxico, la pronunciación, la ortografía y los giros); puesto que sin referencias académicas consagradas hasta entonces, todos los hablantes no se iban a reconocer en esas normas. Aquí hay que resaltar que los catalanistas se han cuidado muchísimo de dejar en el más absoluto olvido y silencio, todas las resistencias que intelectuales catalanes[8] -los más brillantes (la mayoría perteneciente a la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona[9])-, opusieron a la normativización arbitraria de Pompeu Fabra (1868-1948), quien ni siquiera era lingüista de profesión. Era un aficionado (ingeniero industrial), muy politizado, es decir muy catalanista, al entero servicio de Prat de la Riba. Pero las victorias políticas de los catalanistas en el Parlamento de Madrid, como fue el movimiento de la Solidaridad Catalana (1907) y, muy particularmente la Mancomunidad Catalana (1914-1925), que situó a Prat de la Riba en la presidencia de la Mancomunitat de Cataluña, permitieron literalmente imponer ese catalán normativizado a las imprentas catalanas, a pesar de las reiteradas quejas de los críticos más autorizados. Luego en 1932, el triunfo del primer Estatuto Catalán, acabó de acallar las voces disidentes, siendo que la política había dado muestra convincente de lo que era capaz de abarcar. Digamos que había premiado a los que se habían atrevido a desafiar el orden establecido. Porque si la unión de los catalanistas en las Cortes de Madrid y una mayoría catalanista en el Parlamento regional habían conseguido cambiar radicalmente el presente de Cataluña, así como provocar un vuelco sustancial en la política española (ver el Pacto de San Sebastián -17/08/1930 con destacado protagonismo de los catalanistas- que trae la II República y pone fin a la monarquía), quedaba claro que esa misma política se perfilaba como la herramienta fundamental para diseñar un futuro a la medida de las ambiciones declaradas. Siempre bajo forma de mayoría parlamentaria se vislumbraba ahora como factible reescribir la historia y avalar esa «nacionalidad» inventada, llamada a dar sostén ideológico a la construcción de unos llamados «Países Catalanes». De ahí esa falta de escrúpulos en transformar el pasado de la Corona de Aragón en antiguo «reino» de Cataluña (a pesar de que Cataluña como tal jamás fue reino), así como la apropiación indecente de la bandera heráldica y patrimonial de los reyes aragoneses.
Prueba de la determinación de este plan expansionista es que la guerra civil y la dictadura contribuyeron a su mejor maduración, so pretexto de un victimismo ya descaradamente reivindicativo. Hoy en día ha quedado irrebatible la doblez de los catalanistas durante ese periodo de la historia de España. Son numerosos los líderes catalanistas e independentistas que proceden precisamente de familias que se caracterizaron por su pertenencia o colaboración declarada al anterior régimen. César Alcalá[10] nos recuerda cómo el fascista Juan Baptista Cendrós Carbonell[11] creó junto a Félix Millet Tusell[12] (últimamente procesado y condenado por el caso «Palau»), Pau Riera Sala[13] y Joan Vallvé Creus[14] la entidad nodriza del independentismo catalán que es Òmnium Cultural (1961). Francisco Marhuenda[15] da los nombres de esos abuelos franquistas olvidados y que tanto molestan ahora; y, Óscar Benítez[16] señala igualmente los orígenes franquistas de aquellos que pretenden ahora aparecer como independentistas de bandera: ver los casos paradigmáticos de Carles Puigdemont, Pere Aragonés, Marta Rovira o el cantante Lluís Llach, entre otros. Mientras que todos ellos parecían en su día personas leales al franquismo, en realidad trabajaban pensando en el ocaso del sistema, ayudando bajo cuerda a organizar y financiar una infraestructura destinada a exportar la idea de la «nacionalidad» catalana en tierras valencianas y mallorquinas.

Antonio Ubieto Arteta
Ahí está el testimonio del historiador Antonio Ubieto Arteta, quien tuvo que huir de Valencia[17] a finales de los años 70, porque sus trabajos[18] contradicen la versión pancatalanista que se quería imponer, en cuanto a la historia de Valencia. Ubieto ha contado cómo el rector de la Universidad de Valencia había tenido la honestidad de ponerle en guardia en cuanto al fanatismo con el que se iba a tropezar y, de reconocer además que: «una institución bancaria catalana (la Banca Catalana) había invertido muchos miles de millones en Valencia con la tesis de que Jaime I había hecho que se hablase catalán en Valencia, y que con el próximo advenimiento de las autonomías había que crear los países catalanes»[19].
Poner la diana y por consiguiente dinero para divulgar aquella ideología en la Universidad de Valencia era parte fundamental del plan de los catalanistas. Hacían lo que había explicado Antonio Gramsci (1891-1937: fundador del partido comunista italiano), quien sin ningún complejo había retomado el sistema de los jesuitas, pero perfeccionándolo. Consiste en convencer a la élite intelectual para que ésta a su vez, convenza al pueblo en general. Por eso Gramsci decía que la conquista del poder político requería primero de la conquista del poder cultural, siendo los intelectuales esos necesarios agentes difusores de las ideas que conviene implantar.

Joan Fuster
Por eso fue a partir de los años 60 cuando, por encargo expreso[20] de los catalanistas, Joan Fuster escribió su libro Nosotros los valencianos, cuyo propósito fundamental era acuñar en las mentalidades valencianas este mensaje principal: «Llamarnos ‘valencianos’, en definitiva, es nuestra manera de llamarnos ‘catalanes'»[21]. Es decir se preparaba el terreno -las mentes valencianas-, de cara a una España posfranquista.
En esta estrategia monitorizada desde Barcelona, nada quedaba al azar, porque si el relato pancatalanista carecía de pruebas para convencer a los valencianos de esa catalanidad sobrevenida, el remedio pasaba por aprovechar la ignorancia popular. De ahí que la mejor artimaña ha consistido en conseguir que los valencianos no hagan caso a sus clásicos y a todos aquellos especialistas[22] como Ubieto, quienes obstaculizan esa versión fabulada de la historia de Valencia. Lógicamente la Universidad Valenciana se convertía en objetivo prioritario para silenciar las fuentes antiguas, o por lo menos trabucarlas, cuando no desvirtuarlas y, Ubieto tenía que «desaparecer» de allí. Luego de entre todos aquellos intelectuales dedicados a esa labor de persuasión se consideró que los sociólogos eran particularmente valiosos. Véase esa frase que escribió Joan Fuster[23] (1920-1992) -el gran defensor o quintacolumnista de la idea de los «Países Catalanes» aquí en Valencia-, en su libro Nosotros los valencianos: «El libro, en efecto, exigía otro autor. Tal como se necesitaría que fuese, tendría que haberlo confeccionado un historiador, o un sociólogo…»[24]. Fuster empleaba el verbo «necesitar», porque efectivamente, era lo que necesitaban los catalanistas y por eso de entre los discípulos de Fuster se cuentan ahora por los menos dos generaciones de sociólogos dedicados a la faena de asegurar el éxito de la empresa catalanizadora.
De la primera generación cabe destacar: Joan Francesc Mira Casterà (1939), quien militó en el primer partido que se reclamó abiertamente pancatalanista en la Universidad de Valencia, partido que se llamaba el Moviment Social-Cristià de Catalunya (MSCC, 1960-1962)[25]; nacido evidentemente al calor de las estrategias fusterianas. Además J. F. Mira fue uno de aquellos estudiantes alistados a las «excursiones patrióticas»[26] o viajes iniciáticos a Cataluña, organizados y financiados por el partido de Jordi Pujol, para poner la juventud valenciana directamente en contacto con la intelectualidad catalanista. Digamos que la finalidad era, expresándolo coloquialmente: «lavarles el cerebro». También, en abril de 1961, J. F. Mira fue uno de aquellos firmantes (49 en total) de la «Carta oberta als intel·lectuals barceloni»[27], cuyo propósito era solidarizarse con la postura dogmática de Fuster, en la reivindicación de una Valencia plenamente catalana, frente al grupo encabezado por

Xavier Casp

Miquel Adlert
Xavier Casp y Miquel Adlert, quienes por contra se limitaban a situar Valencia dentro de una «comunidad catalánica», desprovista de referencias políticas. En realidad aquello fue el primer encontronazo que derivó posteriormente en la llamada «Batalla de Valencia» (1978-1982), que enfrentaría a esos dos mismos bandos, pero de una manera mucho más radical, ya que el grupo de Casp y Adlert desecharían definitivamente el calificativo de «catalánica». En resumen se puede decir que la trayectoria política de J. Francesc Mira, militante de la primera hora es paradigmática, por haber sido siempre uno de los colaboradores más estrechos y entregados a la causa de Fuster y por ende a la causa «nacional» catalana. Consecuentemente en 1991 fue galardonado por la Generalitat Catalana con la Cruz de San Jorge y, una vez muerto Fuster (1992) se le consideró su heredero natural, tomando asimismo el relevo de la presidencia de la entidad Acció Cultural del País Valencià (ACPV), que es sencillamente una sucursal o filial de Òmnium Cultural. Ya en 1999 J. F. Mira fue declarado miembro del Instituto de Estudios Catalanes (IEC) y, tampoco resulta sorprendente que en el año 2000 fuera candidato por la coalición del Bloc Nacionalista Valencià (BNV), dejando siempre muy en evidencia su devoto compromiso con el proceso independentista catalán, al punto de firmar en 2016 el manifiesto que reclamaba que no solamente el catalán fuera lengua oficial en una Cataluña independiente[28], sino que además se prohibiera el castellano. Siempre en la misma línea estuvieron Josep Vicent Marqués González (1943-2008), Rafael Ninyoles Monllor (1943-2019), Eduard Mira González (1945) o Josep Damià Mollà Beneyto (1946-2017). Insistimos en que todos ellos fueron profesores, particularmente influyentes en el mundo universitario llegando a desempeñar cargos importantes en la Administración. Por ejemplo J. Francesc Mira dirigió el Instituto Valenciano de Sociología y Antropología Social entre los años 1980 y 1984. Eduard Mira fue comisario del «Año Ausias March» (1997), también coordinador del «Año de los Borgia» (2000) y miembro de la Academia Valenciana de la Lengua (AVL); cargo este último que también ostentó Rafael Ninyoles.
De la segunda generación sólo nombraremos a dos, quienes según la IA, no aparecen en la lista de los sociólogos valencianos más importantes del panorama actual valenciano, y sin embargo, la conexión que mantienen o han mantenido con el mundo político es particularmente evidente y llamativa, ya que -ellos también-, han alcanzado puestos de gran relevancia dentro de la Administración Valenciana.

Rafael Castelló Cogollos
Es el caso de Rafael Castelló Cogollos (1964), quien con 23 años ya fue primer teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Carcagente/Carcaixent (1987-1991), llegando a ser director del Servicio de Política Lingüística de la Universidad de Valencia (2012-2022) y, presidente de Cualidad de la Facultad de Ciencias Sociales (2012-2018). Su sesgo pancatalanista es indudable ya que emplea la terminología antiestatutaria[29] de «País Valencià»[30] en vez de «Comunitat Valenciana». Por su parte Vicent Flor Moreno (1971) empezó militando en el Partit Valencià Nacionalista (1995) hasta su fusión con el Bloc Nacionalista Valencià, llegando a postularse en 2000 para ser secretario general del mismo, pero sin conseguirlo. Como todos aquellos que rinden entusiasta y aplicada pleitesía al catalanismo, este sociólogo recibió su premio en 2015 al ser nombrado director del prestigioso Institut Alfons el Magnànim. Aquel año la coalición procatalanista de «Compromis» (creada en 2010) había llegado al Gobierno de la Generalitat Valenciana y, precisamente estaba formada por ese Bloc Nacionalista Valencià, de donde procedía Vicent Flor. También sabemos que este señor ha escrito muchos libros, pero sólo mencionaré su tesis doctoral, que resume perfectamente su trabajo de zapa en Valencia al servicio del catalanismo. Se titula: L´antipancatalanisme al País Valencià: identitat i reproducció social del discurs del blaverisme[31].

Manuel Broseta Pont
Aparte el hecho de emplear la designación antiestatutaria de «País Valencià», y de validar la descripción de los valencianos contrarios al pancatalanismo (los blaveros) como fascistas, incultos y violentos, lo más desvergonzado y falsario ha consistido en deformar el título de un artículo polémico y esencial de la Transición Valenciana, escrito por el profesor Manuel Broseta Pont[32]. El título verdadero es: «La paella de ‘Els Països Catalans'»[33], pero Vicent Flor con tal de desactivar el mensaje que albergaba semejante título -denunciar el imperialismo catalán-, decidió escribir en su lugar: «La paella y los Països Catalans». Algo que debería haber invalidado su tesis por la trascendencia que implica semejante «modificación», que no cabe ninguna duda fue intencionada. Porque efectivamente ¿cuál es exactamente la misión de estos sociólogos? Vencer las resistencias de la sociedad valenciana frente a la agresión catalanista. ¿Y cómo lo hacen?
Primero: subrayar que los pancatalanistas nunca han podido demostrar fehacientemente la catalanidad de la cultura y lengua valencianas. Prueba de ello es que siempre han rehusado llevar un debate público y serio sobre esta materia y, por ello mismo todos sus éxitos se han logrado en la arena política. El caso más flagrante y sangrante es el de la Academia Valenciana de la Lengua (AVL), gracias al pacto político cerrado entre

Pacto de Reus & Pacto del Majestic, José Maria Aznar y Jordi Pujol 1996
Aznar y Pujol (Pacto de Reus)[34] en 1996, cuando al PP le faltaban unos votos para conquistar la presidencia del Gobierno de España. Digamos que la lengua valenciana fue lisa y llanamente «moneda de cambio», para vergüenza de esos políticos. En cuanto a la Real Academia Española, aquí la responsabilidad recae directamente sobre la izquierda española que, con la vuelta a la democracia a finales de los años 70, dispensó una particular benevolencia hacia los nacionalismos periféricos, al punto de concederles un crédito muy poco responsable en materia de Historia y Derecho (véase cómo se admitió en el artículo segundo de la Constitución española de 1978, el término «nacionalidades»). Por otra parte sabemos que desde principios del siglo XX, las editoriales más importantes han sido y siguen siendo catalanas. En todo caso cabe subrayar que la RAE es una entidad cualificada para pontificar acerca de la lengua española, pero no acerca de la valenciana[35]; sencillamente porque no tiene autoridad en esta materia, como no la tiene acerca del portugués, del italiano o del francés. Pero no hay duda de que estas entidades han ayudado a los pancatalanistas a envolver su relato fabulado dentro de una retórica pretendidamente cientificista. Además, para rematarlo todo, los pancatalanistas siempre procuran reclutar, cuando no «comprar» (con cargos, premios y galardones), personas con currículums los más abultados posibles.
Segundo: la tesis pancatalanista al ser negadora de la verdad histórica, obliga a sus promotores a desplegar una manipulación y tergiversación del pasado con tal de llevar la sociedad valenciana a engaño. El nulo éxito que había tenido el partido catalanista Moviment Social-Cristià de Catalunya en la Universidad de Valencia en 1960, había dejado claro que cualquier iniciativa catalanizadora de la sociedad valenciana, a cara descubierta, estaba destinada al completo fracaso. Ahí es donde los sociólogos han usado de sus más meditadas técnicas, marcando una estrategia que ha consistido básicamente en cultivar un juego de ambigüedades constantes, para despistar la sociedad valenciana, confundirla y llevarla al redil catalanista so pretexto de argumentos falsamente «científicos». Y esta desinformación se ha revelado tan eficaz que hoy en día se puede considerar que han conseguido perpetrar la gran estafa o la gran traición, que consiste en hablar o utilizar la palabra «valencianismo», ahí donde se trabaja en pro del «pancatalanismo». Véase el partido Compromís antes citado que se llena la boca con la defensa de Valencia, pero que luego satisface todas las demandas pancatalanistas (catalanidad de la lengua y cultura valencianas y aspiración a formar parte de los «Países Catalanes»). La prueba es que han conseguido apropiarse, o casi mejor dicho secuestrar, la palabra clave de la defensa de Valencia que es: «valencianismo». Tengamos en cuenta que Vicent Flor, antes de ser el director del Institut Alfons el Magnànim había sido director de la Fundació Nexe [36] (2011 a 2015), un think tank (laboratorio de ideas, centro de pensamientos), filial de la catalana Nexe Fundació [37], destinada a sensibilizar la sociedad y sobre todo la juventud en cuestiones sociales y económicas; digamos que intelectuales en general. Es decir: captar cerebros para la causa.
Tercero: que no siendo suficientemente segura la Universidad de Valencia, por persistir algunos profesores en no hincar la rodilla ante el totalitarismo pancatalán, los pancatalanistas se dedicaron a multiplicar las tribunas destinadas a difundir la «buena nueva», de la «catalanidad» valenciana por fin revelada; señalando -¿cómo no?- a España/Castilla como la enemiga secular que siempre se dedicó a esconder esa «gran verdad» acerca de Cataluña. Se trata de entidades o plataformas presentadas como «defensoras» de la lengua y con apariencia de gran solvencia intelectual, en todo caso de «seriedad». Por ejemplo Escola Valenciana[38] respaldada por diferentes ramificaciones (como Plataforma per l´Ensenyament Públic o la cooperativa Abacus[39]), Plataforma per la Llengua[40], llamada también «L´ONG del catalá». Todo ello además reforzado por el gran conglomerado sindical (STEPV, CCOO, UGT) particularmente estratégico por activo y, que suele visibilizar su orientación ideológica a través de la coletilla «País Valencià», colocada en sus siglas. Se da incluso el caso de alguna asociación originariamente valencianista, ya pasada a dominio catalanista como la Societat Coral el Micalet[41], cuya web lleva directamente la sigla «cat», como si ésta ya representara el ámbito valenciano.
Cuarto: que desde Barcelona se diseñó una verdadera ingeniería social a base de una propaganda que tal como describe José Vilaseca Haro[42] está basada en los principios que ya aplicó en su día el régimen nazi en Alemania. Joseph Goebbels en 1942 explicó que: «La esencia de la propaganda es la sencillez y la repetición»[43]. La sencillez porque hace tabla rasa con todo lo complicado, lo que fomenta la ausencia de reflexión y por consiguiente la ausencia de crítica. La repetición porque así acaba siendo la versión más conocida. Todo ello sumado a esa estrategia clave de la ambigüedad, ha sumergido la sociedad valenciana en una confusión devastadora que se traduce en la validación de una mentira absoluta. Por ejemplo, observamos cómo en el think tank, Fundació Nexe no se habla de «lengua valenciana», se recurre a la expresión «tu lengua», a pesar de que uno de los cuatro temas centrales de investigación dentro de ese mismo centro, sea precisamente el de la «identidad»[44]. También valen otras expresiones como: «lengua propia» o «lengua común». Algunos se atreven incluso con aire docto a emplear la humillante y ridícula designación de «valenciano-catalán», donde ya no se sabe si la palabra catalán es sustantivo o calificativo.
Quinto: subrayar que todas estas entidades están copiosamente subvencionadas con dinero público, principalmente procedente de Cataluña, pero también -desgraciadamente-, de la Administración Valenciana, que invierte generosamente en la destrucción de su propio patrimonio (ejemplo sangrante: la Academia Valenciana de la Lengua). Por ejemplo en 2025, Escola Valenciana recibió 100.000 euros de la Generalitat Catalana[45]. Por su parte, Plataforma per la Llengua recibió en 2022 un total de 3.188.907,86 euros[46]. Carlos Latorre ha denunciado en el periódico El Debate que no contenta con estar regada con fondos de los gobiernos regionales catalán, balear y valenciano, esta asociación además se permite señalar a profesores y alumnos que hablan en castellano[47]. Es decir que buscan expulsar el castellano.
En fin, que no cabe duda acerca de la labor adoctrinadora que están perpetrando estas entidades pancatalanistas, porque se dedican a captar a los niños y a los más jóvenes que mañana serán esos adultos fanatizados, quienes harán oídos sordos a cualquier replanteamiento, por muy serio y documentado que éste sea. Pero cuando se trata de ir contra la verdad, ningún plan es perfecto por mucho que lo hayan maquinado mentes astutas y profesionales, por eso es preciso decir a los valencianos que disponen de algunos recursos para desenmascarar a estos impostores y atracadores que se disfrazan de valencianistas con ínfulas de sabios.
Primero: recuerde usted lector, que jamás saldrá de la boca de un pancatalanista la denominación «lengua valenciana». Empleará esas expresiones mencionadas antes («tu lengua», «lengua propia», «lengua común», «valenciano-catalán»…), o la más perversa de todas, la simple designación de «valenciano», que parece admitir la naturaleza de «lengua», pero que en realidad es para negarla rotundamente, porque en cualquier momento, comprobará usted que ese «valenciano» es clasificado como modalidad o dialecto del catalán.
Segundo: para nombrar el territorio valenciano un pancatalanista empleará siempre y sistemáticamente la designación antiestatutaria, antihistórica y ahístoria de «País Valenciano», desdeñando la reglamentaria de «Comunitat Valenciana«, que para él, simplemente no existe. Por contra el nombre histórico y legítimo de «Reino de Valencia», le causará urticaria y se volverá furibundo si usted insiste, porque es un «misil» certero en la línea de flotación del proyecto de los «Países Catalanes», donde el protagonismo y las señales reales deben recaer exclusivamente en ese pretendido y pretencioso «Principado de Cataluña».
En definitiva, que sepa usted lector que sólo caben tres posibilidades, cada vez que alguien rechace como «error» estas dos expresiones: «lengua valenciana» y «Reino de Valencia». La primera: que ese «error» puede deberse a una cándida ignorancia, por parte de quién sólo fue informado por esas entidades ya mencionadas. Observará entonces una resistencia «pasiva». En el segundo caso, posiblemente crea ver ausencia de resistencia, porque directamente no le contestarán. En definitiva le ignorarán y despreciarán, con tal de no molestarse en gastar siquiera la menor energía. En el tercer caso, presenciará una resistencia «activa». Aquí la cosa se pondrá más desagradable porque esa persona además de no admitir la disidencia, se permitirá tratarle de «blavero»; una palabra que pronto comprobará está estrechamente asociada a «franquista» o «facha», porque así lo han vendido los pancatalanistas y porque el pancatalanismo odia a España. Y aunque usted haya nacido después de 1975 (año en que falleció Franco) de nada le servirá citar a sus clásicos, libros u autores porque quien ya le ha catalogado de tal suerte es una persona ya irremediablemente adoctrinada y con talante totalitario, por consiguiente refractaria a cualquier debate, tal como explica José Vilaseca y también Jorge Vilches[48]. En fin, que los que siempre presumen y hasta llevan la bandera de demócratas y tolerantes son aquellos que precisamente no lo son y nunca lo han sido. Ya lo dice el refrán: «Dime de qué presumes y te diré de qué careces».
Por Josefa Villanueva Espinosa
Doctorada en Filología Hispánica por la Universidad de Paris-Nanterre. Su tesis: Le nationalisme valencien du XXIe siècle. Cent ans de pancatalanisme 1906-2006 está en parte publicada a través del libro El nacionalismo valenciano. El porqué y el cómo de las Bases de Castellón, (Editorial L´Oronella, Valencia, 2019). Josefa Villanueva acaba de terminar su última obra, también basada en su tesis doctoral, que próximamente se publicará en la editorial L’Oronella.
[1] A. M. Alcover Sureda (1862-1932) su obra principal: el Diccionario Catalán-Valenciano-Balear (I tomo).
[2] Agulló Pascual, Josep-Benjamín. Biografía de Lluïs Fullana Mira O. F. M. Editorial Del Sena al Segura, S. L., Valencia, 1998, p. 62.
[3] Fullana y Mira, Luis: «Origen del valenciano y demás lenguas románicas». http://www.rae.es/sites/default/files/Discurso_de_ingreso_Luis_Fullana_y_Mira.pdf
[4] Las versiones anteriores no dicen que el valenciano sea una modalidad del catalán. De hecho la Enciclopedia de la Cultura Española publicada por la Editora nacional de 1963, definía el valenciano como: «lengua autóctona de la mayor parte del Reino de Valencia».
[5] Entre otros ver la obra coral: Documentos sobre la Lengua Valenciana. Colectiu Lluïs Fullana, 2009. Edita: Foment de les Lletres Valencianes. Versión en lengua castellana en 2026. Ver de Miralles Enrique, Mª Dolores: Brevari valencià. El llibret roig dels valencians. Real Academia de Cultura Valenciana, 2026. Ver de Torlà, Laura: «El primer documento en valenciano es este manuscrito de hace casi mil años». El Debate, 28/10/2024, en Internet: https://www.eldebate.com/espana/comunidad-valenciana/20241028/primer-documento-valenciano-este-manuscrito-hace-casi-mil-anos_237860.html
[6]https://eapc.bibliotecadigital.gencat.cat/bitstream/handle/20.500.14227/2206/nacionalitat_catalana.pdf edición digital 2007. Escola Administració Pública de Catalunya, Barcelona, abril 2007. Reproducció facsimil de la primera edició de la Tipografia L´Anuari de la Exportació (Barcelona 1906).
[7] Primer Congrés Internacional de la Llengua Catalana [texto impreso] Barcelona, octubre 1906. Editorial [Barcelona], impr. 1908 (701 pág.), p. 13. Único ejemplar en la Biblioteca San Miguel de los Reyes de Valencia.
[8] Adlert Noguerol, Miquel: «Sobre les normes ortogràfiques de Fabra-Institut» (Que, camuflades, diun de Castelló – I). Levante, 13/06/1982, p. 3.
[9] Creada en 1729. Fueron varios los que se opusieron y los más irreductibles: Ramón Miquel i Planas (1874-1950) y Francesch Matheu i Fornells (1851-1938)
[10] Alcalá, César: «Cendrós, el fascista que creó Òmnium Cultural». La Razón, 27/07/2022 en Internet: https://www.larazon.es/cultura/20220726/fdywlljirvcmjlpz4k7so34oay.html
[11] J. B. Cendrós Carbonell (1916-1986), se hizo rico vendiendo el popular masaje facial «Floïd». Fue uno de los fundadores de Banca Catalana, también del partido Esquerra Democràtica de Catalunya, posteriormente integrado en Convergencia Democràtica de Catalunya.
[12] F. Millet Tusell (1935-2023). Fue presidente de la Fundación Orfeón Catalán. Envuelto en varios casos de corrupción y apropiación indebida a lo largo de toda su vida, ya en 1983 estuvo encarcelado.
[13] P. Riera Sala (1908-1985). Empresario en el textil (Tecla Sala), ayudó a crear el diario AVUÍ y el Premio Sant Jordi de novela.
[14] J. Vallvé Creus (1910-1988). Entre otros cargos, fue director de la empresa encargada de acuñar la peseta (Metales y Platerías Ribera), y presidente de la Asociación de Ingenieros de Cataluña.
[15] Marhuenda, Francisco: «Independentistas con abuelo franquista». La Razón, 15/04/2022 en Internet: https://www.larazon.es/opinion/20220415/dr7pukf6wjazfpuv25dvu4jesi.html
[16] Benítez, Óscar: «Los orígenes franquistas de los líderes independentistas». El Liberal.cat, 28/09/2020 en Internet: https://www.elliberal.cat/2020/09/28/reportaje-los-origenes-franquistas-de-los-lideres-independentistas/
[17] Bueno Tárrega, Baltasar: «Ubieto: ‘Me hicieron la vida imposible por defender la verdad sobre los orígenes del Reino de Valencia». Las Provincias, 20/02/1983, p. 16
[18] Web de Anubar Ediciones: https://www.anubar.com/ donde podrán consultar la obra de Antonio Ubieto Arteta, especialista reconocido internacionalmente en la historia de la Corona de Aragón.
[19] «Antonio Ubieto: El historiador de Aragón». La Hoja del Lunes, 29/11/1982; también en el libro de Puerto Ferre, María Teresa: Lengua valenciana: una lengua suplantada, pp. 89-90 y, on line: pp. 95-97, en la web: https://yosocche.com/wp-content/uploads/2023/11/Lengua-valenciana-una-lengua-suplantada-Teresa-Puerto-Ferre-2005.pdf
[20] El ultranacionalista Max Cahner, quien tuvo su papel en los gobiernos de Jordi Pujol lo explica sin rubor en el libro coral titulado: Fuster entre Nosaltres. (52 autores) Coordinador Antoni Martí i Monterde. Conselleria de Cultura, Valencia, 1993. «La gènesi de Nosaltres els valencians», pp. 247-254.
[21] Fuster, Joan: Nosotros los valencianos. Colecciones península, edicions 62, s. a., p. 35. La edición original catalana en mayo 1962.
[22] Entre otros: Amparo Cabanes Pecourt, Domingo Fletcher Valls, José Vicente Gómez Bayarri, Fermín Juanto Manrique, Vicente Giner Boira, Leopoldo Peñarroja Torrejón, Manuel Mourelle de Lema, Ricardo García Moya, Vicente Ramos Pérez, Bernat Bono Barber, Gustavo Villapalos Salas, Juan Benito Rodríguez Manzanares, etc.
[23] Espinosa Villanueva, Josefa: «Joan Fuster y la creación de un mito». Valencianisme: identitat i dignitat. Obra coral, director: Sebastián Castañares, Luis. Edición L´Oronella, Valencia, 2024, pp. 61-80.
[24] Fuster, Joan: Nosotros los valencianos…, op. cit., p. 5: los subrayados son nuestros.
[25] Sanz Díaz, B. y Nadal, M.: «L´excursió patriòtica dels valencianistes a Catalunya». L´oposició universitari al franquisme. València 1939-1975. Universitat de València, Facultat de Dret, con la col.laboració de la Conselleria de Cultura de la Generalitat Valenciana. Editado por CCOO del PV y la Fundación FEIS, junto con la editorial Albatros, 1996, p. 48. Puede consultarse y descargarse en digital: http://www.pv.ccoo.es/
[26] Ibidem, p. 52.
[27] Cahner, M.: «La gènesi de Nosaltres els valencians». Fuster entre nosaltres. Generalitat Valenciana. Consellería de Cultura. Dirección Técnica: Antoni Gómez Giménez, Valencia, 1993, p. 251. Cita: «Carta oberta al intel.lectuals barcelonins». Serra d´Or 2ª època, any III, nº 4, Montserrat, abril 1961, p. 7.
[28] Fernández, Antonio: «De catedráticos a exterroristas: quiénes quieren prohibir el castellano en Cataluña». El Confidencial 25, 05/04/2016. en Internet: https://www.elconfidencial.com/espana/cataluna/2016-04-05/de-catedraticos-a-exterroristas-quienes-quieren-prohibir-el-castellano-en-cataluna_1178812/
[29] Recordar que el hecho de que esté escrita esta denominación en el preámbulo del Estatuto no significa en absoluto que sea reconocida como oficial. La oficial es «Comunitat Valenciana». Ésta es otra artimaña habitual repetida por los pancatalanistas. Ellos sólo son puristas con la ley cuando les conviene. Y si no, la infringen descaradamente, ahí están las muchas sentencias judiciales no aplicadas en Cataluña. Ejemplo el porcentaje de enseñanza del castellano en las escuelas o las imágenes de Sijena que aún no se han devuelto al monasterio de Sijena (Huesca/Aragón).
[30] Ver su título: «Economia dels intercanvis lingüístics al País Valencià». Treballs de Sociolingüística Catalana, 16, pp. 195-216.
[31] Flor Moreno, Vicente: L´anticatalanisme al País Valencià. Identitat i reproducció social del discurs del «blaverisme». Tesis doctoral, Departamento de Sociología y Antropología Social. Universidad de Valencia. Servicio de Publicaciones, 2009. Director: Antonio Ariño Villarroya. En Internet: http://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/10298/flor.pdf
[32] M. Broseta Pont (1932-1992), catedrático de Derecho Mercantil en la Universidad de Valencia, fue particularmente combativo y referente blavero durante la «Batalla de Valencia». Fue asesinado por ETA-Terra Lliure.
[33] Broseta Pont, Manuel: «La paella de ‘Els Països Catalans'». Las Provincias, 23/07/1978, p. 5.
[34] «Pujol revela que pactó con Zaplana para avanzar con discreción en la unidad del catalán». El País, 10/11/2004, en internet: https://elpais.com/diario/2004/11/10/cvalenciana/1100117884_850215.html
[35] «La Real Academia estudia una nueva definición de ‘valenciano'». Las Provincias, 16/09/1991, p. 12.
[36] https://fundacionexe.org/
[37] https://ajuntament.barcelona.cat/usosdeltemps/es/entidad/nexe-fundacio
[38] https://escolavalenciana.org Aquí sí que se conserva la denominación de «valenciano».
[39] Es una cadena de librerías, procedente de una cooperativa catalana. Ver en Internet: https://abacus.cat/es/localidad/valencia-es
[40] https://www.plataforma-llengua.cat/territorials/pais-valencia/ Aquí sólo hablan de lengua catalana.
[42] Vilaseca Haro, José: Pancatanazisme. Els principis de la propaganda nazi aplicada a la catalanisació del poble valencià. La Fraula 20, colecció de l´Aellva, 2025. Esta obra fue ganadora del concurso de ensayo de la Asociación de Escritores en Lengua Valenciana (Aellva) el año 2024.
[43] Ibidem, p. 21.
[44] https://fundacionexe.org/qui-som/
[45] https://escolavalenciana.org/wp-content/uploads/2026/04/Subvencions_20-25.pdf
[46] https://www.plataforma-llengua.cat/media/upload/arxius/exercicis_22.pdf
[47] Latorre, Carlos: «Así funciona Plataforma per la Llengua, la asociación que señala a profesores y alumnos que hablan en castellano». El Debate, 07/12/2022 en Internet: https://www.eldebate.com/espana/comunidad-valenciana/20221207/asi-funciona-plataforma-per-llengua-asociacion-senala-profesores-alumnos-hablan-castellano-76130.html
[48] Vilches, Jorge: «Franquistas y catalanistas». Libertad Digital, 22/07/2010 en Internet: https://www.libertaddigital.com/opinion/2010-07-22/jorge-vilches-franquistas-y-catalanistas-5119496/






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